El futuro no será de quien más sepa de inteligencia artificial, sino de quien mejor la dirija

      29 de septiembre de 2026

      El futuro no será de quien más sepa de inteligencia artificial, sino de quien mejor la dirija

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      "La inteligencia artificial está redefiniendo la forma en la que trabajamos, lideramos y tomamos decisiones"

      Lo que hace apenas unos años parecía una tecnología reservada al futuro se ha convertido en una herramienta con un impacto real en la productividad, la competitividad y la innovación. Sin embargo, más allá de las aplicaciones y las herramientas, el verdadero desafío consiste en desarrollar el criterio necesario para aprovechar todo su potencial de forma responsable y estratégica.

      En esta entrevista, Jon Hernández, divulgador de IA, reflexiona sobre cómo la inteligencia artificial está transformando el papel de las personas y las organizaciones, qué capacidades seguirán marcando la diferencia en un entorno cada vez más automatizado, y cómo prepararnos para un futuro en el que la inteligencia artificial no solo cambiará nuestra manera de trabajar, sino también nuestra forma de liderar, crear valor e interactuar con el mundo físico.

      La inteligencia artificial está cambiando la forma en la que trabajamos y tomamos decisiones. ¿Qué capacidades crees que está potenciando realmente en las personas, y cuáles siguen dependiendo exclusivamente del criterio humano?

      Yo creo que ahora mismo la IA está potenciando sobre todo nuestra capacidad de hacer más cosas, más rápido y con más posibilidades. Está despertando creatividad, ideas, modelos de negocio y usos que muchas personas ni siquiera sabían que podían desarrollar. No porque de repente todos seamos genios, sino porque tenemos una inteligencia al lado, que amplía muchísimo lo que podemos intentar.

      También está potenciando la productividad y la capacidad de tomar decisiones mejor informadas. Hoy puedes pedirle a una IA que investigue un tema, compare opciones, lea decenas de fuentes y te prepare un informe para decidir si te conviene un software, una inversión o una estrategia. Eso antes requería horas, días o incluso un equipo.

      Ahora bien, no diría que haya muchas capacidades que dependan "exclusivamente" del humano para siempre, porque cada vez que marcamos una línea roja la IA se la va comiendo. Eso es precisamente una de las cosas más difíciles de digerir: cada vez encontramos menos cosas que creíamos que solo podíamos hacer nosotros. Pero hoy, lo que sigue dependiendo más de nosotros es el criterio: saber qué tiene sentido, qué decisión tomar, qué riesgo asumir, qué valores no quieres sacrificar y cuándo no debes tragarte sin más lo que te dice la IA.

      Ahí entran el pensamiento crítico, la intuición, el gusto, la capacidad de entender lo que está haciendo la IA y la responsabilidad de supervisar. El gran riesgo es que, como la IA acierta muchas veces, acabemos dejando de revisarla. Y ahí puede venir el error importante.

      La clave no es usar la IA diciendo "hazme esto" y desaparecer del proceso. La clave es decir "vamos a hacer esto": dirigirla, contextualizarla, supervisarla y participar. Ahí es donde sigues aportando valor.

      En un momento en el que la inteligencia artificial puede analizar información, generar propuestas e incluso recomendar decisiones, ¿qué significa para ti ejercer un buen liderazgo? ¿Qué cualidades serán aún más importantes en los próximos años?

      Para mí, liderar bien en este momento significa no delegar tu responsabilidad en la IA. Puedes usarla para analizar, para investigar, para generar escenarios y para acelerar procesos, pero la decisión final sigue siendo tuya.

      Un buen líder no será el que tenga todas las respuestas, porque la IA cada vez tendrá más respuestas. Será el que entienda la magnitud del cambio, sepa hacer buenas preguntas, mantenga criterio propio y no caiga en el error de pensar que, porque la IA suele acertar, ya no hace falta supervisarla.

      Las cualidades más importantes van a ser pensamiento crítico, adaptabilidad, y capacidad de reacción. No estamos ante una herramienta más, sino ante algo que afecta al valor principal que aportábamos los humanos: la inteligencia. Por eso liderar será entender que el juego ha cambiado, no intentar seguir jugando con las reglas antiguas.

      También será muy importante la capacidad de despertar a los equipos. Porque hay mucha gente que sigue pensando que esto no va con ellos, que afectará al vecino, a otra industria o a otro perfil, pero no a su trabajo. Y esa es una de las reacciones humanas más peligrosas: bloquearse cuando nos sentimos amenazados. Un líder tiene que evitar dos extremos: ni entrar en pánico ni vender una ingenuidad absurda. La IA puede traer beneficios enormes, pero la transición puede ser durísima. Liderar será capturar los beneficios, pero con criterio, con supervisión y con una cultura de adaptación real.

      Mucho del debate sobre inteligencia artificial se centra en herramientas digitales, pero cada vez estamos viendo más aplicaciones en el mundo físico: robots, sistemas autónomos o máquinas capaces de interactuar con su entorno. ¿Crees que ese será el siguiente gran salto de la inteligencia artificial?

      Sí, y creo que ahí mucha gente todavía no está entendiendo la magnitud del cambio. Porque ahora pensamos en la IA como algo que está detrás de una pantalla: ChatGPT, documentos, vídeos, imágenes, informes… Pero la IA no se va a quedar ahí.

      Primero, porque muchas IAs que parecen digitales ya tienen un impacto físico. Si una IA ayuda a descubrir una proteína, a detectar antes un cáncer, a simular mejor el clima o a optimizar una fábrica, eso no se queda en una pantalla. Eso acaba afectando a medicamentos, hospitales, energía, producción, ciudades y vidas humanas.
      Y segundo, porque el siguiente salto evidente será cuando esa inteligencia se conecte cada vez más con máquinas, robots, sensores y sistemas autónomos. Es decir, cuando no solo piense, analice o recomiende, sino cuando empiece a actuar directamente en el mundo.

      Esto va a afectar incluso a trabajos que hoy parecen más protegidos. Mucha gente piensa: "Bueno, la IA afectará a los que trabajan con ordenador, pero a un fontanero, un electricista, un jardinero o un artesano no." Y yo no lo veo así. En cuanto la IA se combine con robótica, maquinaria y automatización, también esos oficios van a cambiar.

      De hecho, no hace falta esperar al robot humanoide perfecto para verlo. Ya hay casos en los que una empresa de fontanería integra IA en sus flujos de trabajo y consigue que los fontaneros vendan más por visita, simplemente porque la IA les quita papeleo y les deja más tiempo para hablar con el cliente, detectar necesidades y aportar más valor. Eso ya es IA impactando en el mundo físico, aunque todavía no haya un robot entrando en tu casa a cambiarte el grifo. Pero evidentemente, cuando esa capa de inteligencia llegue de forma más potente a robots y máquinas, el cambio será muchísimo mayor. Porque una cosa es una IA que responde, y otra muy distinta es una IA que puede actuar sobre el entorno. Inteligencia más capacidad de acción física es una combinación brutal.

      Tú mismo estás explorando y divulgando cada vez más sobre esa inteligencia arificial aplicada al mundo físico. ¿Qué avances o casos de uso te parecen más prometedores y qué impacto crees que tendrán en nuestra forma de trabajar y de vivir?

      A mí me parecen prometedores dos grandes bloques. El primero es toda esa IA que parece digital, pero que tiene consecuencias físicas enormes. Por ejemplo, AlphaFold. Estamos hablando de IA aplicada a biología, proteínas, ciencia y medicina. Eso no es una app bonita ni una herramienta para escribir más rápido. Eso puede acelerar investigaciones, medicamentos y tratamientos que afectan directamente a la vida de las personas.

      También me parecen muy importantes los diagnósticos médicos con IA. Si una IA puede ayudar a detectar antes una enfermedad, analizar biopsias, encontrar patrones que a un humano se le pueden escapar o cruzar información médica a una escala imposible para nosotros, el impacto es físico y directo: salud, esperanza de vida y calidad de vida.

      Otro caso son las simulaciones del mundo real: clima, materiales, energía, procesos industriales. Si puedes simular mejor un tifón, una inundación, una molécula, una fábrica o una cadena de producción, puedes tomar mejores decisiones en el mundo físico. Puedes ahorrar recursos, evitar daños, mejorar procesos y salvar vidas.

      Y luego está el segundo bloque: robots, máquinas y sistemas autónomos. Ahí creo que veremos un cambio enorme. Primero en entornos controlados, como fábricas, almacenes, mantenimiento, producción o tareas repetitivas. Después, cada vez más, en entornos menos controlados. Pero creo que el error sería imaginar solo el robot espectacular de los vídeos. El impacto va a empezar muchas veces de forma menos llamativa: una máquina que se optimiza mejor, un
      operario que trabaja con una IA, un técnico que se apoya en un agente, un sistema que detecta un fallo antes de que ocurra, una empresa manual que factura más porque usa IA en sus procesos.

      Y más adelante sí, veremos robots cada vez más capaces, más autónomos e integrados en la vida diaria. Incluso androides o máquinas con las que nuestro cerebro va a tener cada vez más difícil diferenciar hasta qué punto está tratando con algo humano o no.

      Para mí la clave es entender que la IA no es solo software, es inteligencia. Y cuando esa inteligencia se conecta con sensores, visión, voz, memoria, agentes, robots y máquinas, deja de ser algo que solo produce texto y empieza a transformar cómo trabajamos, cómo producimos, cómo cuidamos, cómo investigamos y cómo vivimos.

      Si tuvieras que lanzar un mensaje a quienes hoy lideran empresas, equipos u organizaciones y observan con incertidumbre el avance de la inteligencia artificial, ¿qué les dirías sobre cómo prepararse para este nuevo escenario?

      Les diría que no esperen. Que la IA no es algo que está por venir: ya está aquí. Y lo que hace hoy es lo peor que hará nunca. Aunque no avanzara más, ya tiene capacidad suficiente para cambiar muchísimo la forma en la que trabajamos.

      Prepararse no es poner una herramienta de IA en la empresa y decir que ya estás transformado. Prepararse es entender qué tareas de tu organización dependen de inteligencia, dónde se genera valor, qué procesos pueden cambiar, qué personas necesitan formarse y qué decisiones no puedes delegar. También les diría que esto no va solo de ahorrar tiempo. Va de competitividad. Si dos personas hacen el mismo trabajo, pero una usando IA es un 20 %, un 40 % o un 60 % más productiva, la empresa va a elegir a quien aporte más valor. Y eso va a afectar a todos los perfiles, no solo a los técnicos.

      Por eso, dentro de poco no saber usar IA será como decir que no usas internet. No será una rareza simpática, será una señal de que estás fuera del mercado. Pero tampoco hay que caer en la ingenuidad. La IA puede traer beneficios enormes en ciencia, medicina, educación y productividad, pero eso no significa que el camino vaya a ser fácil. Que algo vaya a traer resultados espectaculares no quiere decir que la transición sea cómoda. Puede ser durísima.

      Así que el mensaje sería: ponte las pilas, forma a tu equipo, experimenta ya, desarrolla criterio y no te limites a usar la IA diciendo "hazme esto". La diferencia estará entre quienes participen del proceso, dirijan, supervisen y entiendan lo que están haciendo, y quienes simplemente se dejen llevar.

      Leire Agüero

      SOBRE EL AUTOR

      Leire Agüero

      Community Manager en TECNALIA, donde lidera la estrategia de comunicación en redes sociales y la generación de contenidos para acercar la innovación tecnológica a empresas y sociedad. Especializada en comunicación digital y marketing de contenidos, cuenta con una amplia trayectoria en divulgación de I+D+i.
      Autor:Leire Agüero