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La rebelión de los invisibles: ¿qué podemos hacer desde las políticas?

10 de Febrero de 2022
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En los últimos años hemos trabajado mucho en las políticas orientadas a misión, que son un paso adelante respecto a las políticas centradas en la generación de tecnología

¿Os acordáis de mi horrible experiencia con el Prius de TECNALIA? Después de leer mi artículo un compañero me hizo notar que, siendo nosotros tecnólogos, no quedaba bonito que despotricáramos contra la tecnología en un blog de empresa. Y pensé que tenía razón, que nosotros deberíamos ser quiénes diéramos ejemplo, así que aproveché la jubilación de mi viejo Passat y me compré un híbrido.

Y fue genial.  Y como todo estaba saliendo bien, me vine arriba y decidí solicitar la ayuda de una administración pública a la compra de coches híbridos. Total, ya había hecho lo más difícil, ¿qué podía salir mal?

Todo lo que podía salir mal, salió mal. Cometí todos los errores posibles, todos los improbables y hasta alguno imposible. Lo conseguí después de once meses de proceso; dos certificados digitales distintos para las tres entidades públicas con las que tuve que interactuar; y media docena de paseos en persona a las sedes de gobierno correspondientes para acreditar que era yo la que solicitaba las firmas (aunque confieso que la mitad de los paseos me los habría ahorrado si hubiera sabido que hay que usar la misma máquina y el mismo navegador --excepto un navegador en concreto que no funciona nunca-- para usar el mismo certificado).

Cuando conseguí acabar el proceso pensé en mi compañero, y en su consejo de dar ejemplo. Y me pregunté: "¿en serio la gente normal es capaz de hacer esto y terminarlo?"

En los últimos meses se ha desatado una revolución de la “gente normal” contra la tecnología para exigir que los trámites dejen de hacerse exclusivamente online. No se trata solamente de que todo el mundo no dispone de los medios para poder hacer estas gestiones, es que además mucha gente no las entiende. #SoyMayorNoIdiota es el grito de personas funcionales y perfectamente operativas que están hartas de que les tomen el pelo. ¿Cómo es posible que cualquier operador anónimo tenga mis datos personales pero, las administraciones públicas sean incapaces de compartir entre ellas mi información, y tenga que ser yo la que pasee documentos de un sitio a otro? ¿Por qué necesito tener cuatro firmas digitales distintas?

Esta invasión de tecnología desalmada en procesos, que a menudo están mal diseñados y mal implantados, nos hace sentir que estamos fuera, que no importamos.  ¿Y sabéis qué pasa cuando la gente siente que es invisible? Que se rebela.

Las personas se rebelan y los territorios también

El profesor Andrés Rodríguez-Pose le llama a este fenómeno la venganza de los lugares que no importan. Sucede cuando los territorios ven que el desarrollo económico se les escapa de las manos y pierden calidad de vida. Explica muchas de las revoluciones sociales que hemos vivido en los últimos años como el Brexit o, el auge de los extremismos políticos.

¿Qué podemos hacer desde las políticas? En los últimos años hemos trabajado mucho en las políticas orientadas a misión, que son un paso adelante respecto a las políticas centradas en la generación de tecnología. Buscan crear un impacto concreto dando solución a un problema determinado. Como ya hemos comentado en post anteriores, las políticas orientadas a misión ofrecen muchas ventajas como la direccionalidad y la intencionalidad, y también facilitan la colaboración entre diferentes ámbitos de conocimiento y diferentes agentes, lo que crea sinergias que, como una piedra en un estanque, se van extendiendo y fortalecen al conjunto del ecosistema.

Sin embargo, la crisis de la COVID-19 nos obliga a responder a nuevas preguntas. ¿Qué sucede con los territorios que no tienen recursos para ofrecer soluciones a los grandes retos? ¿Qué ha pasado durante la crisis con los países que no tenían ningún eslabón fundamental de la cadena de valor de las vacunas? ¿Dónde está el impacto económico de las vacunas?

Crear capacidades en unos territorios y olvidarse de otros es como fabricar una cadena en la que unos eslabones son de acero y otros de papel. Necesitamos empoderar a los sistemas locales para tener un país (y una Europa) realmente resilientes ante los vaivenes económicos, sociales o tecnológicos.

Para empezar, los territorios han de tener garantizados los servicios estratégicos fundamentales como la salud, la educación o el agua y la electricidad para poder garantizar unos mínimos de justicia y equidad, y el bienestar a nivel local. El apoyo y el refuerzo a la economía local es la vía que la Economía Fundamental o Economía del Bienestar propone para estabilizar social y medioambientalmente los territorios, y para garantizar que nadie se queda atrás y todos son capaces de aportar para resolver los grandes retos globales.

Una mayor relevancia de lo local también implica una exigencia mayor a los gobiernos locales y regionales, que deben cumplir unas expectativas elevadas en un contexto donde la austeridad de los pasados años ha destruido muchos de los recursos e infraestructuras que hubieran sido claves para responder con solvencia ahora.

Políticas orientadas a misiones: economía y bienestar social

Las políticas orientadas a misiones dan respuestas interesantes cuando se trata de hacer crecer a la vez la economía y el bienestar social, pero combinadas con el enfoque de la Economía Fundamental nos ayudan a entender cómo hacer que el impacto sea homogéneo. Ambos enfoques comparten la importancia de que la ciudadanía sea un agente activo en la realización de las políticas porque se ha demostrado que la participación de los agentes sociales en tanto que proveedores de datos y de inteligencia colectiva, direcciona las actividades de I+D y hace que los resultados sean más robustos e inclusivos, y que el impacto sea mayor.

Además, los agentes sociales permiten alinear las necesidades reales del territorio con los resultados de los proyectos; mejoran la transparencia y la apertura de la I+D; y se reduce el tiempo que los resultados tardan en llegar al mercado.

En otras palabras, lo pequeño importa, lo local importa, las personas que no se contabilizan en las estadísticas de personal en ciencia y tecnología importan. Sin ellos no es posible que la tecnología tenga impacto.

Si contáramos con ellos para diseñar nuestras políticas, sabríamos que tenemos que implantar una sola firma digital para interactuar con todas las administraciones públicas, y que es fundamental contar con una carpeta del ciudadano para que esa persona no tenga que compartir una y otra vez los mismos documentos con diferentes ventanillas.

Si contáramos con ellos sabríamos cuáles son los entornos en los que se sienten seguros, y qué necesitan aprender para sentirse cómodos con la tecnología. Cuando contemos con ellos, tendremos una ciudadanía mejor formada, estaremos más satisfechos con los servicios recibidos y nuestras políticas tendrán más impacto, solucionarán problemas reales y brillarán más allá de los documentos en los que las soñamos.

Eva Arrilucea Solachi

SOBRE EL AUTOR

Eva Arrilucea Solachi

Doctora en Economía por la Universidad del País Vasco, Experta en Dirección de Negocio y Tecnología por la Deusto Business School (UD) y Miembro de la Junta Rectora de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Eva Arrilucea tiene una trayectoria de más de 15 años como experta senior en el asesoramiento estratégico a administraciones públicas de Europa, África y América Latina.

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Autor:Eva Arrilucea Solachi
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